| Jorge A. Salazar


Enero 1, 2017 | Jorge A. Salazar


2016 | Jorge A. Salazar


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Julio 2016 | Jorge A. Salazar


Julio, 2016 | Jorge A. Salazar


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25 de Junio, 2016 | Jorge A. Salazar


25 de Junio, 2016 | Jorge A. Salazar


25 de Junio, 2016 | Jorge A. Salazar


25 de Junio, 2016 | Jorge A. Salazar


Junio 11, 2016 | Jorge A. Salazar


Junio 4, 2016 | Jorge A. Salazar


Mayo 24, 2016 | Jorge A. Salazar


Mayo 24, 2016 | Jorge A. Salazar


Abril 26, 2016 | Jorge A. Salazar


Abril 20, 2016 | Jorge A. Salazar


Abril 13, 2016 | Jorge A. Salazar


Abril 4, 2016 | Jorge A. Salazar


Marzo 21, 2016 | Jorge A. Salazar


Marzo 14, 2016 | Jorge A. Salazar


Marzo 3, 2016 | Jorge A. Salazar


Febrero 24, 2016 | Jorge A. Salazar


Febrero 17, 2016 | Jorge A. Salazar


Febrero 10, 2016 | Jorge A. Salazar


Febrero 3, 2016 | Jorge A. Salazar


Enero 27, 2016 | Jorge A. Salazar

A veces escucho la pregunta “¿qué es eso de nacer de nuevo?”. Otras veces algunas personas me han dicho cuando saben que soy cristiano “ni creas que me vas a convertir” pero la mayoría de las veces no sabemos ni qué significa la conversión, ni qué significa nacer de nuevo.

No debemos sentirnos tan mal, un especialista en la Biblia se acercó a Jesús con la misma pregunta en Juan 3. Cuando Jesús le explicó que le era necesario nacer de nuevo para poder entrar en el reino de Dios, se quedó perplejo pues no podía volver al vientre de su madre y volver a nacer, lógicamente.

Lo que Jesús explica a continuación es que el nuevo nacimiento es algo espiritual. Cuando el hombre peca se hace merecedor del juicio de Dios: la muerte espiritual. Para poder estar nuevamente en comunión con Dios es necesario tener una nueva vida espiritual. Es algo que Dios hace y que solamente Él puede hacer. Jesús le decía a Nicodemo “nadie puede entrar en el reino de Dios si no nace de agua y del Espíritu”. Cuando Pablo explica esto en Efesios 2 dice: “a pesar de que estábamos muertos por causa de nuestros pecados, nos dio vida”.

Lo anterior indica que es Dios quien nos hace renacer a una nueva vida. De manera que el nuevo nacimiento no depende de nosotros sino que es algo que depende de Dios.

A veces se confunde el nuevo nacimiento con la salvación y hay quienes identifican la fecha exacta en la que decidieron entregarle sus vidas a Jesús. El nuevo nacimiento es el comienzo, el primer paso. Así como cuando nacemos a la vida natural ese es el primer paso, en la vida espiritual el nuevo nacimiento es el principio, luego viene la fe, el arrepentimiento y todo lo demás.

Si usted quiere comenzar a andar en los caminos de Dios basta acercarse a Él en oración. Reconocer que somos pecadores en necesidad del perdón que sólo Dios nos puede dar mediante el sacrificio de Jesús, y comprometernos a amarle y buscarle con todo nuestro corazón. El libro de Hebreos dice que Dios es galardonador de los que le buscan y créame, si usted busca a Dios con sinceridad lo encontrará.

Oración a Dios:

Dios, sé muy bien que no merezco que me aceptes. No merezco el regalo de la vida eterna. Soy culpable de haberme rebelado contra ti y de haberte ignorado. Necesito tu perdón.

Gracias por enviar a tu Hijo a morir para que yo pueda ser perdonado. Gracias por haberle resucitado de la muerte para darme vida nueva.

Perdóname y cámbiame, para que pueda vivir bajo la autoridad de Cristo.

Amén.

Julio 24, 2015 | Pastor Jorge A. Salazar

El alma de los creyentes va de inmediato a la presencia de Dios. Cuando nos morimos lo que sucede es una separación del cuerpo y del alma en el que el cuerpo se queda aquí, lo vemos en el cajón, en el féretro y lo enterramos y se descompone. Pero nuestro espíritu, nuestra alma, para los creyentes, va con alegría a la presencia de Dios.

Cuando Pablo habla de la muerte dice “Preferiría ausentarme de este cuerpo y vivir junto al Señor” (2 Co. 5:8). En otras palabras, dice Pablo que estar ausente de este cuerpo es estar junto al Señor. En Filipenses 1:23 dice que su deseo es “partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;”.

Otro ejemplo en las Escrituras de que al morir los creyentes se van a la presencia de Dios lo da Jesús en Lucas 23:43 cuando le dice a uno de los criminales crucificado junto a Él “te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.”

De manera que los creyentes al morir van a la presencia de Dios pero nuestros cuerpos no serán dejados para siempre en la tierra sino que cuando Jesús regrese nos resucitará y nuestras almas o espíritus serán reunidos con nuestros cuerpos resucitados y viviremos con Cristo para siempre.

El alma de los que no son creyentes va de inmediato al castigo eterno. Hay un relato de Jesús registrado en el evangelio de Lucas en el que nos deja muy en claro que después de muertos no hay una segunda oportunidad para creer en Cristo. En este relato del rico y Lázaro no se da ninguna esperanza de que se pueda pasar del infierno al cielo después de haber muerto. Aunque el rico en el infierno clamaba: ““Padre Abraham, ten compasión de mí y manda a Lázaro que moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua, porque estoy sufriendo mucho en este fuego.” Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que durante tu vida te fue muy bien, mientras que a Lázaro le fue muy mal; pero ahora a él le toca recibir consuelo aquí, y a ti, sufrir terriblemente. Además de eso, hay un gran abismo entre nosotros y ustedes, de modo que los que quieren pasar de aquí para allá no pueden, ni tampoco pueden los de allá para acá.”” .

En pocas palabras, si antes de colgar los tenis (morir) no te arrepientes de tus pecados y le pides perdón a Dios confiando y creyendo en el sacrificio de Jesús, lo más seguro es que vayas a conocer de primera mano lo que el rico de este relato de Jesús estaba experimentando.

No hay vuelta de hoja. No hay otra oportunidad.

Cuando Abraham le dice al rico que no se puede salir de allí le pide que mande a Lázaro a advertir a su familia de que se arrepienta y Abraham le dice que las advertencias ya se enviaron, tienen la Biblia, tienen a Moisés y los profetas que le hagan caso a ellos… y le dice el rico, sí pero no les van a hacer caso, no leen su Biblia, no les importa… pero si se les aparece uno de entre los muertos entonces sí se arrepentirían… ¿Y sabes que le contesta Abraham? Si no le hacen caso a Moisés y a los Profetas, o sea, si no leen su Biblia, si no le hacen caso a la Palabra de Dios, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos.

¡Ese es Jesús contándoles el relato del rico y Lázaro!.

Y aquí estamos, dos mil años después, la tumba de Jesús vacía ante cientos de testigos y miles y miles y miles y miles de personas que no creen en el mensaje del Evangelio, tal y como Jesús lo anunció.

Mayo 16, 2012 | Jorge A. Salazar

Jesús dice: «Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré» Jn 14:13-14). También dice que él escogió a sus discípulos, y que «el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre» Jn 15:16).

De modo similar, dice: «Ciertamente les aseguro que mi Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa» Jn 16:23-24; cf. Ef. 5:20).

Pero, ¿qué significa esto?

Claramente esto no significa simplemente añadir la frase «en el nombre de Jesús» después de cada oración, porque Jesús no dijo: «Si piden algo y añaden las palabras" en el nombre de Jesús" después de su oración, yo lo haré». Jesús no está hablando de añadir ciertas palabras como si fueran una especie de fórmula mágica que imprimiría poder a nuestras oraciones. En verdad, ninguna de las oraciones anotadas en la Biblia tiene la frase «en el nombre de Jesús» al final (vea Mt 6:9-13; Hch 1:24-25; 4:24-30; 7:59; 9:13-14; 10:14; Ap 6:10; 22:20).

Acercarse en el nombre de alguien quiere decir que otra persona nos ha autorizado para acercarse en base a su autoridad, y no en la nuestra. Cuando Pedro le ordena al cojo: «En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y andad (Hch 3:6), está hablando en la autoridad de Jesús, y no en la suya propia. Cuando el sanedrín les preguntó a los discípulos: «¿Con qué poder, o en nombre de quién, hicieron ustedes esto?» (Hch 4:7), están preguntándoles: «¿Por autoridad de quién hicieron esto?»

Cuando Pablo reprendió a un espíritu inmundo «en el nombre de Jesucristo» (Hch 16:18), deja bien claro que está haciéndolo con la autoridad de Jesús, y no la suya propia. Cuando Pablo pronuncia juicio «en el nombre de nuestro Señor Jesús» (1 Co 5:4) sobre el miembro de la iglesia que es culpable de inmoralidad, está actuando con la autoridad del Señor Jesús. Orar en el nombre de Jesús, por consiguiente, es la oración que se hace por autorización de Jesús.

En un sentido más amplio el «nombre» de una persona en el mundo antiguo representaba a la persona misma y, por consiguiente, todo su carácter. Tener un «buen nombre» (Pr 22:1; Ec 7:1) era tener una buena reputación.
Por tanto, el nombre de Jesús representa todo lo que él es, su carácter total. Esto quiere decir que orar «en el nombre de Jesús» no es sólo orar en su autoridad, sino también orar de una manera que concuerda con su carácter, que verdaderamente le representa y refleja su manera de vivir y su voluntad santa. En este sentido, orar en el nombre de Jesús se acerca mucho a la idea de orar «conforme a su voluntad» (1 Jn 5:14-15): ¿Quiere decir esto que no está bien añadir «en el nombre de Jesús» al final de nuestras oraciones? Ciertamente no está mal, siempre y cuando entendamos lo que eso quiere decir, y que no es imprescindible hacerlo.

Puede haber algún peligro, sin embargo, si añadimos esta frase a toda oración pública o privada que hacemos, porque pronto para muchos se convertirá en una simple fórmula que adjuntan con escaso significado y que expresan sin pensarla. Puede incluso empezar a ser vista, por lo menos por creyentes más jóvenes, como una especie de fórmula mágica que hace más efectiva la oración.

Para prevenir tales malos entendidos, probablemente, sería sabio no usar la fórmula frecuentemente y expresar el mismo pensamiento en otras palabras, o simplemente en la actitud global y enfoque que tenemos hacia la oración. Por ejemplo, las oraciones pudieran empezar:

«Padre, venimos a ti en la autoridad de nuestro Señor Jesús, tu Hijo», o, «Padre, no venimos en nuestros propios méritos sino en los méritos de Jesucristo, que nos ha invitado a venir ante ti », o: «Padre, te agradecemos por perdonamos nuestros pecados y damos acceso a tu trono por la obra de Jesucristo tu Hijo».

En otras ocasiones, incluso no se debe pensar que estos reconocimientos formales sean necesarios, en tanto y en cuanto nuestros corazones continuamente se den cuenta de que es nuestro Salvador el que nos permite orar al Padre.
La oración genuina es conversación con una persona que conocemos bien y que nos conoce. Tal conversación genuina entre personas que se conocen nunca depende del uso de ciertas fórmulas o palabras, sino que es una cuestión de sinceridad en nuestra habla y en nuestro corazón, una cuestión de actitudes debidas, y una cuestión de condición de espíritu nuestro.

NOTA: En Hechos 4:30 la frase: "mediante el nombre de tu santo siervo Jesús", que aparece al final de la oración, modifica la cláusula principal inmediatamente precedente: "para sanar y hacer señales y prodigios", No es una afirmación general en cuanto a la manera en que se hace toda la oración.

Es más. Pablo dice que no solamente nuestras oraciones sino todo lo que hacemos debemos hacerlo en el nombre de Jesús: "y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él" (Col 3:1).

León Morris dice de Juan 14:13: "Esto no quiere decir simplemente usar el nombre como fórmula. Quiere decir que la oración debe ser de acuerdo a todo lo que ese nombre representa. Es oración que procede de la fe en Cristo, oración da expresión a una unidad con todo lo que Cristo representa, oración que busca exaltar a Cristo mismo. Y el propósito de todo es la gloria de Dios" (The Gospel According to John, p. 646).


Diciembre 4, 2014 | Wayne Grudem, Teología Sistemática

En su visión de Apocalipsis 19:7-10, Juan vio y escuchó la voz de una gran multitud celestial, alabando a Dios porque la fiesta de las bodas del Cordero – literalmente la “cena de las bodas” – estaba por comenzar. El concepto de la cena de las bodas, es mejor entendido a la luz de las costumbres que se seguían en las bodas durante los tiempos de Cristo.

Esta costumbre respecto a las bodas tenía tres etapas principales. Primero, se hacía un contrato de matrimonio que era firmado por los padres de la novia y del novio, y los padres de la novia pagaban una dote al novio o a sus padres. Esto daba inicio a lo que llamaban el período de los esponsales – lo que ahora conocemos como el compromiso. Este período era en el que se encontraban José y María cuando se halló que ella estaba encinta (Mateo 1:18; Lucas 2:5).

La segunda etapa en el proceso usualmente ocurría un año después, cuando el novio, acompañado por sus amigos varones, iban a la casa de la novia a media noche, creándose un desfile con antorchas que iba a través de las calles. La novia sabía con anticipación que esto iba a suceder, así que ella estaba preparada con sus doncellas, y todas ellas se unían al desfile que terminaba en la casa del novio. Esta costumbre es la base de la parábola de las diez vírgenes en Mateo 25:1-13.

La tercera fase era la cena de bodas misma, que podría durar por días, como se ilustra en las bodas de Caná en Juan 2:1-2.

Lo que describe la visión de Juan en Apocalipsis es la celebración de las bodas del Cordero (Jesucristo) y Su novia (la Iglesia) en su tercera fase. La implicación es que las dos primeras fases ya han ocurrido. La primera fase fue cumplida en la tierra cuando cada creyente puso su fe en Cristo como Salvador. La dote pagada al Padre del Novio (Dios Padre) sería la sangre de Cristo derramada en nombre de la Novia. Entonces, la Iglesia que se encuentra en la tierra actualmente, está “comprometida” con Cristo, y al igual que las vírgenes prudentes en la parábola, todos los creyentes deben permanecer vigilantes y en espera de la aparición del Novio (la Segunda Venida). La segunda fase simboliza el Arrebatamiento de la Iglesia, cuando Cristo viene a reclamar a Su novia y la lleva a la casa del Padre. Entonces, la cena de las bodas será el tercero y último paso.

Los invitados a la celebración de las bodas no serán solo la Iglesia como la novia de Cristo, sino también otros. Los “otros” incluyen a los santos del Antiguo Testamento, quienes serán resucitados en la Segunda Venida de Cristo, así como los mártires muertos en la Tribulación. Como el ángel le dijo a Juan que escribiera, “Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.”


Octubre 22, 2013 | GQ

¿Por qué orar? ¿Para qué orar, si Dios ya tiene el perfecto control sobre todas las cosas? ¿Por qué orar, cuando Dios ya sabe lo que le pediremos antes de hacerlo?

(1) La oración es una forma de servir a Dios (Lucas 2:36-38). Oramos porque Dios nos manda que lo hagamos (Filipenses 4:6-7).

(2) El orar es un ejemplo dado a nosotros por Cristo y la iglesia primitiva (Marcos 1:35; Hechos 1:14; 2:42; 3:1; 4:23-31; 6:4; 13:1-3).

(3) Dios decidió que la oración sea el medio para obtener Su intervención en determinadas situaciones:

a) Preparación para decisiones importantes (Lucas 6:12-13).
b) Para derrotar la actividad demoníaca en la vida de las personas (Mateo 17:14-21).
c) En la reunión de los obreros para la cosecha espiritual (Lucas 10:2).
d) Para adquirir fortaleza y vencer ante la tentación (Mateo 26:41).
e) El medio para fortalecer a otros espiritualmente (Efesios 6:18-19).

(4) Tenemos la promesa de Dios de que nuestras oraciones no son en vano, aún si no recibimos específicamente lo que pedimos (Mateo 6:6; Romanos 8:26-27).

(5) Él ha prometido que cuando oremos por cosas que estén de acuerdo a Su voluntad, Él nos las concederá (I Juan 5:14-15).

Algunas veces Él retarda sus respuestas, de acuerdo a Su voluntad y para nuestro beneficio. En estas situaciones, debemos ser diligentes y perseverantes en la oración (Mateo 7:7; Lucas 18:1-8) La oración no debe ser vista como el medio por el cual Dios cumple nuestra voluntad en la tierra, sino como el medio para hacer que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra. La sabiduría de Dios excede sin medida a la nuestra.

En situaciones en las que no sabemos específicamente cuál sea la voluntad de Dios, la oración es el medio para discernirla. Si Pedro no le hubiera pedido a Jesús que le ordenara salir de la barca y caminar sobre el agua, él se hubiera perdido de esa experiencia (Mateo 14:28-29). Si la mujer sirofenisa cuya hija estaba poseída por un demonio, no le hubiera rogado a Cristo, su hija no había sido sanada (Marcos 7:26-30). Si el hombre ciego que mendigaba en las afueras de Jericó no hubiera llamado a Cristo, nunca habría recobrado la vista (Lucas 18:35-43). Dios ha dicho que muchas veces no obtenemos lo que pedimos, porque no sabemos cómo pedir (Santiago 4:2). En un sentido, la oración es como compartir el Evangelio con la gente. No sabemos quién responderá al mensaje del Evangelio, hasta que lo compartimos. Es lo mismo con la oración; nunca veremos los resultados de la respuesta a la oración hasta que oremos.

La falta de oración demuestra falta de fe, y falta de confianza en la Palabra de Dios. Oramos para demostrar nuestra fe en Dios, que Él hará conforme a lo que ha prometido en Su Palabra, y bendecirá nuestras vidas abundantemente, más de lo que pudiéramos esperar (Efesios 3:20). La oración es nuestro principal medio para ver la obra de Dios en la vida de otros. Y siendo el medio por el que nos “conectamos” al poder de Dios, es nuestro medio para defendernos del enemigo y su armada (Satanás y su ejército) ante al cual estamos indefensos para derrotarlo por nosotros mismos. Por eso, que Dios nos encuentre con frecuencia ante Su trono, porque tenemos un Sumo Sacerdote en el cielo, que puede identificarse con todo por lo que atravesamos (Hebreos 4:15-16). Tenemos Su promesa de que la oración ferviente del hombre justo puede lograr mucho (Santiago 5:16-18). Que el nombre de Dios sea glorificado en nuestras vidas, creyendo en Él tanto como para acudir con frecuencia ante Él en oración.
Febrero 22, 2013 | GQ

Hay dos claves para conocer la voluntad de Dios en una situación dada:

(1) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacer, no sea algo que la Biblia lo prohíbe.

(2) Asegurarse que lo que está pidiendo o considerando hacer, va a glorificar a Dios, y va a ayudarlo a usted a crecer espiritualmente.

Si estas dos cosas son ciertas, y Dios todavía no le ha dado lo que le está pidiendo – entonces es probable que no sea la voluntad de Dios que usted obtenga lo que está pidiendo. O tal vez, usted simplemente necesita esperar un poco más de tiempo para recibirlo. Algunas veces, conocer la voluntad de Dios es difícil. La gente quiere que Dios básicamente les diga qué hacer – dónde trabajar, dónde vivir, con quién casarse, etc. Romanos 12:2 nos dice, “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Dios raramente da a la gente esa información directa y específica. Dios nos permite hacer decisiones referentes a aquellas cosas. La única decisión que Dios no quiere que hagamos es pecar o resistirse a Su voluntad. Dios quiere que tomemos decisiones que estén de acuerdo con Su voluntad. De manera que, ¿cómo saber cuál es la voluntad de Dios para usted? Si usted está caminando cerca del Señor, y deseando de verdad Su voluntad para su vida – Dios va a colocar Sus propios deseos en su corazón. La clave es desear la voluntad de Dios, no la suya propia. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4) Si la Biblia no habla en contra de sus peticiones, y si éstas genuinamente pueden beneficiarle espiritualmente – entonces la Biblia le da “permiso” para tomar decisiones y seguir a su corazón.

Febrero 15, 2013 | GQ

Para un cristiano, la pregunta no es tanto si “ver esta película es pecado” sino “¿será esto algo que Jesús querría que yo hiciera?”. La Biblia nos dice que muchas cosas nos son permitidas, pero no todas son de beneficio o constructivas (1 Corintios 10:23). También dice que todo lo que hagamos o digamos (o veamos) debe hacerse para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31). Debemos poner nuestra mente en cosas que son nobles y puras (Filipenses 4:8). Si – y este es un enorme si- podemos ver películas o la televisión con contenido cuestionable Y TODAVIA estar dentro de estos mandamientos de la Biblia, entonces es difícil verle algo de malo.

El peligro está en (1) cómo afecta a nuestro corazón lo que estamos viendo y (2) cómo afecta a los demás. Para nosotros, si la escena que vemos nos da un sentimiento de lujuria, ira, odio… entonces hemos pecado (Mateo 5:22, 28), y debemos hacer todo lo que podamos para evitar que eso se vuelva a repetir. A menudo eso quiere decir no volver a ver ese tipo de películas o escenas. También puede ser una piedra de tropiezo para alguien que está luchando con ciertos comportamientos o hábitos que se interponen entre ellos y Dios (1 Corintios 10:25-33; Romanos 14:13). Como miembros del cuerpo de Cristo, debemos ser una luz para el mundo (Mateo 5:14) y un ejemplo santo de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas (1 Pedro 2:11-12). Si otras personas nos ven entrando a ver una película clasificación “C” podría enviarles el mensaje equivocado; que disfrutamos o condonamos el sexo ilícito y la violencia. Eso no encajaría en ser la luz en un mundo en tinieblas.

Entonces, ¿cómo podemos saber si lo que estamos viendo es benéfico? Cuando nos convertimos en seguidores de Cristo, se nos da su Espíritu Santo para que habite en nosotros (Hechos 2:38; 2 Timoteo 1:14). Jesús nos dice que su Espíritu nos guiará a toda verdad (Juan 16:13). Una manera en la que el Espíritu de Dios nos guía es por medio de nuestra conciencia (Romanos 1:12, 9:1). Si tu conciencia te está diciendo que lo que estás viendo está mal, probablemente es así.

Te recomendamos un sitio donde hay buenas reseñas cristianas de películas (en inglés) www.pluggedinonline.com.

Enero 15, 2013 | GQ

Hay muchas posturas para la oración y no hay una postura correcta o incorrecta. La Biblia exhorta a los cristianos a orar sin cesar y eso requiere varias posturas para la oración – ¡nadie puede permanecer en una sola posición todo el día! Pero en la Biblia, podemos ver las varias posturas en que las personas oraban:

• Parados (Génesis 24:12-14)
• Alzando los brazos (1 Timoteo 2:8)
• Sentados (Juicios 20:26)
• Hincados (Marcos 1:40)
• Mirando hacia arriba (Juan 17:1)
• Postrándose (Éxodo 34:8)
• Poniendo la cabeza en medio de las rodillas (1 Reyes 18:42)
• Golpeando el pecho (Lucas 18:13)
• Mirando hacia el templo (Daniel 6:10)

En vez de posiciones externas, la Biblia enfatiza la postura del corazón. Si estas parado, sentado o acostado, lo importante es si tu corazón está postrado en sumisión al señorío de Cristo. La religión falsa pone mucha importancia en el comportamiento externo, mientras que el cristianismo verdadero se preocupa con el corazón. Y la verdadera oración es caracterizada por una actitud humilde ante Dios – no la postura física de una persona que ora.
Enero 3, 2013 | GCC

¿Por qué algunos llaman a Dios Yahvé, otros Jehová, otros Señor? ¿Cuál es el nombre de Dios?

En la Biblia el nombre de una persona es una descripción de su carácter. De igual manera, los nombres de Dios en la Biblia son descripciones de su carácter. Por eso cuando leemos la Biblia de pronto vemos referencias a Dios en el Hebreo como El, El Shadai, Elohim, El Elyón, El Olám, Adonai, etc. Cada uno de estos nombres habla de alguna de las características de Dios, ya sea su omnipotencia, es decir, que Dios es todo poderoso (El Shadai); el altísimo, el proveedor, etc.

Cuando Dios se presenta a Moisés como el creador de los cielos y la tierra en Éxodo 3:14-15 usa un nombre cuyas consonantes son YHWH (llamado por los expertos como el tetragrámaton, es decir, cuatro letras). Nadie sabe a ciencia cierta cual era la pronunciación de este nombre debido a que los Hebreos no lo pronunciaban en voz alta y las vocales no se registraban en el Hebreo. Cuando un judío leía el nombre YHWH, en su lugar pronunciaba la palabra Adonai (Señor). Cuando se tradujo al Español agregando las vocales de Adonai a YHWH lo que resultó fue la palabra Jehová.

Aunque la pronunciación precisa aún queda en duda, tal vez sea más preciso pronunciarlo Yahveh. Se cree que esto tal vez se aproxima más al original. Lo importante, sin embargo, no es la etimología o siquiera la pronunciación; lo que se destaca es la realidad poderosa de la revelación del Dios de los Hebreos en el Éxodo.

Cuando decimos al orar: “santificado sea tu nombre” como parte del Padre Nuestro (Mt. 6:9), estamos pidiendo en oración que las personas hablen de Dios de una manera que le honre y que reflejen correctamente su carácter. Este honrar el nombre de Dios se puede hacer con acciones tanto como con palabras, porque nuestras acciones reflejan el carácter del Creador a quien servimos (Mt. 5:6). Honrar el nombre de Dios es por consiguiente honrarle a Él. El mandamiento “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano” (Ex. 20:7) es un mandamiento de que no deshonremos la reputación de Dios ni por palabras que hablen de Él de una manera necia o equívoca, ni por acciones que no reflejen su verdadero carácter.

De manera que uno puede referirse a Dios por cualquiera de sus nombres. Muchos creyentes se refieren a Él como Padre Celestial, Señor, Dios mio, Yahvé, Jehová, etc. En el Padre Nuestro Jesús nos enseña a llamarle "Padre".
Septiembre 5, 2012 | Jorge A. Salazar

No, La Escritura dice que cuando Dios terminó Su creación, vio todo y lo declaró “bueno” (Gen. 1:31). Muchas Escrituras afirman que Dios no es el autor de la maldad: -Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie- (Stg. 1:13). -Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él- (1 Juan 1:5). -Pues Dios no es Dios de confusión- (1 Corintios 14:33) – y si eso es verdad, en ninguna manera es el autor de la maldad.
Ocasionalmente alguien cita Isaías 45:7 y clama que prueba que Dios hizo la maldad como parte de Su creación: -Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto- (énfasis agregado).

Pero la Biblia de las Américas da más claridad a Isaías 45:6-7: -Yo soy el Señor, y no hay otro; el que forma la luz y crea las tinieblas, el que causa bienestar y crea calamidades, yo soy el Señor, el que hace todo esto.- En otras palabras, Dios crea la calamidad como juicio sobre los malos. Pero en ningún sentido es el autor de la maldad.

La maldad se origina no de Dios sino en la criatura caída. Yo estoy de acuerdo con John Calvin, quien escribió,
…el Señor ha declarado que -todo lo que había hecho…era bueno en gran manera- (Gen. 1:31). ¿Entonces, de donde viene esta maldad al hombre, que se aparta de su Dios? A menos que pensemos que venga de la creación, Dios ya había puesto su sello de aprobación sobre lo que Él mismo había creado. Por su propia intención mala, entonces, el hombre corrompió la naturaleza pura que había recibido del Señor; y por su caída trajo toda su posteridad con él hacia la destrucción. En consecuencia, debemos contemplar la causa evidente de la condenación en la naturaleza corrupta de la humanidad – que es más cerca de nosotros – en vez de buscar una causa escondida y totalmente incomprensible en la predestinación de Dios. (Institutes [Institutos], 3:23:8)

Es de ayuda, yo creo, entender que el pecado no es una cosa creada. El pecado no es una sustancia, un ser, un espíritu, ni una materia. Entonces es técnicamente inapropiado pensar en el pecado como algo creado. El pecado es simplemente una falta de perfección moral en la criatura caída. Las mismas criaturas caídas cargan la completa responsabilidad por su pecado. Y toda maldad en el universo procede de los pecados de las criaturas caídas.

Por ejemplo, Romanos 5:12 dice que la muerte entró al mundo por el pecado. La muerte, dolor, enfermedad, estrés, agotamiento, calamidad, y todas las cosas malas que pasan vienen como resultado de la entrada del pecado en el universo (vea Génesis 3:14-24). Todos esos efectos malos del pecado continúan a obrar en el mundo y estarán con nosotros tanto exista el pecado.

Primera Corintios 10:13 nos promete que Dios no permitirá una prueba más grande de lo que podemos soportar. Y Santiago 1:13 nos dice que Dios no nos tentará con la maldad.

Dios ciertamente es soberano sobre la maldad. Hay un sentido en el cual es apropiado aun decir que la maldad es parte de Su decreto eterno. Él lo planeó. No le tomo por sorpresa. No es una interrupción a Su plan eterno. Él declaró el fin desde el principio, y sigue obrando todas las cosas para Su buen gusto (Isaías 46:9-10).
Pero el papel de Dios referente a la maldad es nunca como su autor. Simplemente permite que obren agentes de maldad, y después anula la maldad para Sus propios fines sabios y santos. Últimamente Él tiene la habilidad de hacer que todas las cosas – incluyendo los frutos de toda la maldad de todo el tiempo – obren para el mejor bien (Romanos 8:28).

Julio 4, 2012 | GTY

La última vez que escuché esta pregunta venía acompañada de una queja de desilusión con los partidos políticos, los candidatos, los gobiernos, el mundo, etc. Mucha gente tiende a señalar a los demás todo el tiempo sin darse cuenta que nosotros también somos una gran parte del problema. Queremos zafarnos al señalar a los líderes pero no queremos hacer nuestra parte.

Jesús no se zafó tan fácilmente. El dijo “Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.” (Mat. 22:21). ¡El César! Un líder pagano y corrupto demandaba obediencia de los creyentes y tributo. ¿Por qué Jesús nos diría semejante cosa? Porque es Dios, el Todopoderoso quien establece los gobiernos. La Biblia dice en Romanos 13:1 “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

Esto quiere decir que tenemos que ser obedientes a las autoridades que Dios ha puesto, siempre y cuando el obedecerlas no vaya en contra de la ley de Dios. Nuestra obligación como ciudadanos mexicanos es votar, no es solamente una prerrogativa; la Constitución lo señala también como una obligación (Art. 36 III). De manera que no votar es desobediencia a la ley de México y desobediencia a Dios.

Considera también lo que dice la Palabra en Jeremías 29:7 “Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz”.

Junio 7, 2012 | Jorge A. Salazar

Especialmente con el acceso a la información en Internet, prédicas en línea, videos, preguntas, foros, Facebook, Twitter y tantas monerías nos sentimos cada vez más propensos a dejar de ir a la iglesia, al templo, a nuestro lugar de reunión. Esto es muy cómodo porque demanda muy poco de nuestra parte.

La enseñanza del Nuevo Testamento es muy distinta, se nos urge a congregarnos constantemente (Heb. 10:25), a estar en comunión unos con otros pues es la forma en la que verdaderamente aprendemos, somos estimulados a las buenas obras, nos exhortamos unos a otros, compartimos las experiencias y celebramos a Dios juntos.

La Biblia nunca nos habla del creyente como un ermitaño recluido en un monasterio, al contrario, nos habla del creyente como parte del cuerpo. Como un integrante de un todo. En ocasiones nos pinta como ladrillos de una pared en la que todos nosotros somos necesarios para constituir la iglesia de Cristo.

A veces no nos simpatiza la persona que se sienta junto, quisiéramos que los mensajes fueran más prácticos, que la alabanza no repitiera tantas veces el coro, que las sillas no fueran plegables… es en estas circunstancias donde debemos aprender del amor de Jesús quien siendo Dios aceptó habitar entre nosotros, con nuestras faltas y defectos y nos acepta, nos perdona y nos enseña. No podemos aprender a nadar si no entramos en el agua; de la misma manera, no podemos entender la comunión con Dios si no vivimos en comunión unos con otros.

Mayo 8, 2012 | Jorge A. Salazar

El bautismo es un tema interesantísimo pues ha sido motivo de muchas discusiones a lo largo de los siglos, especialmente en los años de la reforma protestante con los anabaptistas, cuya historia es digna de estudiar. Sin embargo, algo que está claro en las Escrituras es que la salvación no depende de ninguna obra humana. Es decir, somos salvos por medio de la gracia de Dios, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz y solamente por la fe en Cristo.

Efesios 2:8-9 dice “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte.”. Esto por supuesto que deja fuera de la ecuación la obra del bautismo como un medio de salvación, ya que si pensamos que si no nos bautizamos no seremos salvos, estamos diciendo que depende el que hagamos una obra para completar nuestra salvación.

El pasaje que generalmente se usa para sustentar el punto del bautismo como esencial para la salvación está en Marcos 16:16 donde Jesús les da la gran comisión a los discípulos y les dice que vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura y luego dice “El que crea y sea bautizado será salvo…”. Este parece ser el más fuerte argumento para sustentar que el bautismo es necesario para salvación, sin embargo el versículo no termina allí sino que continúa: “...pero el que no crea será condenado.”. Aquí solamente dice el que no crea. Jesús no estableció como requisito para salvación el bautismo sin embargo es una ordenanza, un mandamiento, un sacramento.

Un ejemplo muy claro en las Escrituras donde una persona recibe la salvación sin haber sido bautizada es precisamente en la cruz. El ladrón que estaba crucificado junto a Jesús creyó en Cristo y Jesús le dijo: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Luc. 23:43). Este hombre nunca fue bautizado.

En términos prácticos todos los que públicamente confiesan a Jesús como su Señor y Salvador deben bautizarse. Sin embargo, si alguien muere creyendo en Cristo y no ha sido bautizado, eso no es razón suficiente para dudar de su salvación.

Abril 29, 2012 | Jorge A. Salazar

Esta es una pregunta que abarca muchísimo si vemos las diferencias una a una. Sin embargo podemos reducir todas las religiones y sistemas de creencias del mundo en dos grupos principalmente; la salvación por obras y la salvación por gracia.

La principal diferencia es que todos los sistemas, a excepción del cristianismo evangélico reformado, predican una salvación mediante las obras. Ya sea por la observancia de rituales, buenas obras, leyes, mandas, etc. En los sistemas de salvación por obras el individuo siempre tiene que cumplir al pie de la letra todos los preceptos y al final averiguar si es que acaso el dios de quien se trate le dará entrada a su morada final de acuerdo a los meritos obtenidos.

Lo que la Biblia enseña es que el hombre es incapaz de ganarse el cielo. El hombre no puede pagar el precio de su pecado por sus obras, no es suficiente para quitar el agravio hecho contra un Dios santo que no puede ver el pecado. Debido a esta imposibilidad del hombre de poder salvarse a sí mismo Dios mismo proveyó el sacrificio perfecto para pagar el precio de nuestro pecado en Jesucristo, quien murió en la cruz como propiciación por nosotros. Es decir, su sacrificio satisfizo al Padre y nos justificó. De ahí que la Biblia enseñe en pasajes como Efesios 2:8 y 9 que somos salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe y no por nada que hayamos hecho sino que es un regalo de Dios. Luego agrega “no por obras para que nadie se gloríe”.

Esto no quiere decir que no hagamos buenas obras, de hecho la Biblia dice que si hemos sido salvados, la prueba de nuestra fe son las obras. Mas no implica que las buenas obras nos salven.

Abril, 2012 | Palabras de Vida

Desde pequeño escuchaba decir “lee tu Biblia y ora cada día y tú crecerás”. Cantábamos una canción para niños con ese coro todo el tiempo pero nadie nos explicaba cómo leer la Biblia. Comenzaba por Génesis como cualquier otro libro, por la primera página, pero al cabo de algunos capítulos todo era confuso e invariablemente me ganaba el sueño.

La Biblia no es un libro común, es un conjunto de libros, 66 libros para ser exactos. Todos ellos conforman una unidad, expresan la Palabra de Dios y el plan de redención de Dios para los hombres. Mi sugerencia es que comiences con alguno de los evangelios. Puedes empezar con Mateo, Marcos, Lucas o Juan. De hecho léelos todos. Son cuatro puntos de vista diferentes de la vida y obra de Jesús. El conjunto de los Evangelios te darán una perspectiva adecuada de nuestra fe. La mayoría de la gente empieza con Juan ya que era un discípulo muy cercano a Jesús.

Lo importante al leer la Biblia es que comencemos en oración reconociendo que es la Palabra de Dios y pidiéndole al Espíritu Santo que nos hable por medio de su Palabra. Te sorprenderás de la increíble fidelidad de Dios. Si tienes dudas visita nuestro foro de la lectura de la Biblia en línea o envíanos tus preguntas.

Abril 15, 2012 | Jorge A. Salazar

La respuesta corta es no. En ocasiones escuchamos que ponen a Satanás como una fuerza igual a la de Dios pero en el bando contrario. Esto no es así por muchas razones elementales. Dios solo hay uno y por lo tanto los atributos de Dios solamente pueden estar en un solo Dios eternamente existente. Recuerda que Dios es todo poderoso (omnipotente), sin límite de espacio o tiempo (omnipresente), que todo lo sabe (omnisciente)… características que el diablo no posee. Satanás no puede estar en todo lugar al mismo tiempo, no sabe todas las cosas y su poder es extremadamente limitado.

No olvidemos que Satanás es una criatura y Dios es el creador. Por lo tanto no puede bajo ninguna perspectiva ser un poder igual al de Dios pero opuesto. Sin embargo sí es un opositor de Dios en el sentido que se opone a todo lo que Dios hace, todo lo bueno, todo lo justo, todo lo santo.

En un sentido real el diablo o Satanás sería más bien comparable a un ángel, es un ángel caído. En el primer capítulo del libro de Job, por nombrar un ejemplo de muchos en las Escrituras, vemos cómo Satanás se sujeta a Dios y está por debajo de su autoridad.

Pregunta en línea | Palabras de Vida


 


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