Hace unos días un amigo de Nicaragua me compartió por WhatsApp un versículo en 2 Timoteo 3:12 "Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución". Esta gran verdad me hizo preguntarme cuántos de nosotros experimentamos persecución como cristianos en un nivel u otro.

No me refiero a que la policía vaya por ti y te meta en prisión (lo que es una realidad en algunos países), sino varios otros tipos de persecución como la que experimentamos con nuestros amigos que hablan con groserías, o la familia que se siente incómoda cuando externamos nuestra opinión, o los compañeros de trabajo para quienes somos demasiado 'santurrones'.

El problema es que muchos de nosotros no experimentamos ese tipo de problemas y, aunque podrías pensar que es una bendición, lo que acabamos de leer dice que todos, todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución. Jesús mismo lo explica en Mateo 10:34 "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;".

Cristo no estaba hablando de lo que erróneamente se ha interpretado como perder a la familia por dedicarle todo tu tiempo al ministerio ¡claro que no! ¡El primer ministerio de una persona es su propio hogar! Estaba hablando de la lealtad hacia Dios, de ser verdaderamente leales a Cristo y no comprometer nuestra fe con lealtades divididas.

Si somos cristianos de verdad y no estamos experimentando fricción con este mundo es porque seguramente estamos siguiendo la corriente de este mundo y debemos hacernos serias preguntas en cuanto a nuestro caminar diario.

Un cristiano de verdad es una persona de integridad, una persona que hace lo que es correcto aunque esto implique una pérdida personal, una persona que honra a Dios por encima de su aceptación social, que no teme alzar la voz para amar a los demás y mostrar la gracia y el sacrificio personal que Jesús nos modeló. Un Cristiano de verdad es aquel que no se anda quejando todo el día, que no habla mal de los demás, que aprovecha bien el tiempo, que no se presta a truhanerías y verdades a medias... alguien confiable cuyo sí es sí y cuyo no es no.

Analicemos nuestro caminar diario y veamos si en verdad estamos viviendo para Cristo o para nosotros mismos. Lejos de ser un artículo de condenación espero que estas palabras sean de auto-examen para descubrir qué áreas de nuestras vidas debemos entregar completamente al Señor y dejar de servirnos a nosotros mismos y entregarnos por completo a Aquel que nos redimió.

Dios te bendiga
Diciembre 7, 2018 | Jorge A. Salazar

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