Viviendo la Fe :: Mateo 16



¡Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien! Hoy platicaré acerca de Mateo 16, por lo que les recomiendo que le den una leída antes para que tengan una idea más clara de lo que estoy comentando.

Pero a grandes rasgos el apóstol Pedro había confesado que “Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente” y el maestro orgullosísimo, alaba a su discípulo por haberlo confesado y reconocido, sin embargo, poco después Jesús comenzó a revelarles todo lo que debía sufrir a manos de sus perseguidores, de su muerte y de su resurrección al tercer día, pero el discípulo no soporta la idea de que su maestro tenga que sufrir, es como si en su mentecita humana el dolor y la muerte estuvieran prohibidas y no pudieran ser parte de la ecuación divina. Entonces se lleva a Jesús a parte y le comienza a decir que no debe pasar por todo eso. Paso siguiente, el maestro anteriormente orgulloso, reprende a su discípulo fuertemente y le dice: “Apártate de mí Satanás, me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Y también les dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame”.

La verdad es que me identifico totalmente con Pedro, a mí Jesús me hubiera dicho lo mismo, o algo peor, porque puedo llegar a ser terriblemente insistente cuando pienso que algo está mal. A demás ningún humano en su sano juicio anda buscando la muerte o el sufrimiento, ¿no es cierto? Por el contrario, estas dos cosas son a las que todos les damos la vuelta y las evitamos a toda costa.

Ósea que Pedro tenía la suficiente fe para creer que Jesús era el Cristo, pero no para creer que Dios tuviera un propósito bueno para su sufrimiento. Y más adelante vemos que sigue con esta misma mentalidad cuando niega a Cristo: sigue evitando su sufrimiento. Sin embargo, a través de la vida de Pedro, vemos que su enfoque cambia tan radicalmente, que no solo estuvo dispuesto a sufrir azotes, cárceles, persecución, la muerte de sus amigos, sino que enfrentó él mismo, una muerte muy parecida a la de Cristo.

Y es que Pedro, los demás discípulos y cientos de mártires antiguos y contemporáneos, comprendieron que Dios permite el sufrimiento en nuestra vida con un propósito santo y bueno. Si lo analizas te vas a dar cuenta que es a través del sufrimiento que la mayoría de las personas volteamos hacia Cristo, o que su relación con Él se vuelve mucho más profunda, que es gracias al sufrimiento que tu relación con Él crece y madura y te vuelves más dependiente de su gracia y menos de tu inteligencia.

Pero ¿qué es eso de cargar tu cruz y seguir a Cristo?

En una ocasión una mujer dijo que la única razón por la que no se divorciaba, era porque Cristo nos había pedido cargar con nuestra cruz y seguirlo, y que sí su esposo era la cruz que Dios le había puesto, lo seguiría cargando por el resto de su vida.

Pero el camino de la Cruz o, tomar tu cruz y seguir a Cristo, no quiere decir que debas hacerte la mártir, ni auto-flagelarte o andar buscando las maneras en las que puedas sufrir mejor y más bonito, no tiene nada que ver con eso, el camino de la cruz es un camino de sumisión, es entregarle a Dios tus deseos, pensamientos, anhelos, TODO, negarte a ti misma por un plan perfecto y la clave es hacerlo con gozo, confiando y sabiendo que eso es lo mejor. Como dice Santiago “teniendo por sumo gozo cuando te encuentres en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de nuestra fe produce paciencia”.

Esto no quiere decir que no puedas darte ningún gusto o que vivas como anacoreta, lo que quiere decir es que tienes que rechazar esa tendencia pecaminosita que todas tenemos … Debemos renunciar al yo; yo sé lo que me conviene, yo quiero obtener aquello, yo digo que se debe hacer, yo tengo la última palabra, yo dirijo mi propio destino.

Porque como dijo Cristo: “el que no tome su cruz y siga en pos de mí, no es digno de mí” y si optamos por hacer nuestra voluntad, cumplir nuestros deseos, vivir la vida a nuestra manera, no podríamos estar en comunión con Él…y, sin embargo, es bien curioso porque Dios continuamente nos concede los deseos de nuestro corazón cuando estamos alineadas a su voluntad y vivimos en obediencia.

Miren mujercitas, yo sé que a veces enfrentamos dolor y mucho sufrimiento y que a veces parece que nos está lloviendo sobre mojado y creemos que nadie puede comprender lo que estamos sintiendo y enfrentando, pero si ese es tu caso, quiero recordarte que Dios nunca dijo que no sufriríamos en esta tierra, pero si prometió que estaría a nuestro lado siempre y que en Él encontramos la fortaleza para sobrellevar cualquiera que sea nuestro problema.

Puedes decir confiada: “Bueno es el Señor; es refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían”.

¡Que tengas una linda semana y que Dios te bendiga!
Martes 30 de Octubre, 2018 | Aimeé Pérez

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