Mateo 15 - Dios da gracia a los humildes


“Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien. Hoy estaremos hablando acerca de Mateo 15 y les recomiendo que le den una leída antes para que tengan una idea más clara de lo que estoy comentando.

¿Saben? me encantó el relato de la mujer cananea, se me hizo un ejemplo perfecto de humildad, tenacidad, pero sobretodo de fe… La mujer tenía todo en su contra, para empezar, era mujer, y en aquella época y en esa cultura se consideraba como un ser inferior. Para seguir, no era judía, lo que significaba que no era bien visto que Jesús se dirigiera a ella, los mismos discípulos le recomendaron a Jesús que se deshiciera de su presencia y hasta parece que el propio Cristo la desalienta...pero ella, ella persiste y se postra a sus pies y le ruega que la ayude.

Indudablemente esa mujer llamó la atención de Cristo, porque número uno: sabía quién era Él, lo había reconocido cuando le dijo: “Señor Hijo de David”. Número dos: confiaba en que Él podía hacer misericordia con su hija, porque le dijo: “Señor socórreme”, y número tres: mostro una humildad ejemplar ya que, a pesar de la respuesta evasiva de Cristo, replica de manera sabia y humilde.

Esta mujer en verdad que me ha hecho reflexionar tanto, a veces me desanimo con el día a día y pienso en tirar la toalla, quedarme acostada y darle rienda suelta a lo que quiero hacer e ignorar todo lo que tengo que hacer, es más, les confieso que a veces como mamá muchas veces me he cansado de estar a tras de mis chicos.

Cuando eran bebes entendía sus demandas porque dependían 100% de mí, y me levantaba en las madrugadas y aunque fuera medio dormida los atendía…pero poco después llegaron las mordidas y los pleitos. Recuerdo que, en varias ocasiones, sentía mucha frustración porque parecía que no entendían que eran humanos, no perros rabiosos, ni gatos en celo. Corrían por la casa, tiraban la ropa, se hablaban a gritos, se creían tenor, ingeniero y Spiderman ¡un trio para volver loca a cualquiera! es más, los berrinches que se aventaba uno de ellos podían ser tan intensos que, si hubiera estado vivo, el mismísimo Sigmund Freud me lo hubiera pedido prestado para estudiarlo…Cuestione mi inteligencia, mi maternidad, la sanidad de mis hijos, la paternidad de mi esposo y cuando todo parecía que iba mejor…por aquello de los 11 años…llegó la adolescencia.

La realidad es que continuamente he tenido que venir a los pies de Cristo y pedirle su ayuda, nadie nace sabiendo educar, y aunque digan que las mujeres tenemos un sexto sentido, honestamente es que hasta eso nos falla. Lo único seguro es Dios, porque Él sabe una infinidad más que nosotras.

El problema es que a veces somos muy orgullosas para pedir su ayuda, y, por un lado, nos cuesta reconocer delante de nosotras, de otras personas y de Él, que no sabemos qué hacer. O, por el otro lado, buscamos ayuda con especialistas, como los psicólogos para que nos digan que hay de malo con nuestros hijos y para que nos enseñen a ser la madre que ellos necesitan.

Y sí quizás algún buen psicólogo puede arrojarte un poco de luz, un buen libro te puede dar un norte, pero el cambio real, la dirección correcta y la paz que sobrepasa todo entendimiento, eso solo te lo te lo puede dar Cristo.

Así que, ojalá Dios nos conceda tener esa fe para aferrarnos a Jesús cuando las pruebas lleguen. A pesar de que las circunstancias y el entorno se levanten en nuestra contra, y que la voz del mundo intente desanimarnos. En verdad le pido a Dios que nos ayude a postrarnos a sus pies dejando el orgullo y esa tendencia de creer que nosotras mismas podemos resolver todas las cosas, le suplico que nos ayude, a ti y a mí, a despojarnos de esa soberbia que inmediatamente sale en nosotras cuando las cosas no son como queremos.

Debemos recordar que Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes, y que la humildad es necesaria para reconocer a Cristo como nuestro Salvador y para permitirle obrar su voluntad en nuestras vidas.

Así que, en estos días me gustaría que te enfocaras en mostrar humildad de manera práctica. Por ejemplo, cuando tu esposo, tus hijos o la gente de tu entorno te trate con aparente desdén o te menosprecie, o cuando las cosas no estén saliendo como a ti te gustaría, detén tu primer impulso, ve la oportunidad que Dios está dándote para reconocer que lo necesitas, ve a Él y pide su ayuda. Aférrate a Cristo porque Él nunca despreciará a un corazón contrito y humillado.

¡Que tengas una linda semana y que Dios te bendiga!
Martes 23 de Octubre, 2018 | Aimeé Pérez

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