Mateo 9: "Un Encuentro Inesperado"



Por Aimeé Pérez

“Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien. Hoy estaremos hablando acerca de un encuentro inesperado que está registrado en los evangelios sinópticos, es decir, Mateo, Marcos y Lucas. Y es bien padre cuando tenemos varios relatos de un mismo suceso porque podemos tener un punto de vista mucho más amplio. Entonces les invito a que lean la historia de “la mujer que tocó el manto de Cristo” o también conocida como “la mujer que tenía flujo de sangre” para que tengan una idea más clara de lo que estoy comentando.

Pero a grandes rasgos Jesús iba acompañado de una gran multitud a sanar a la hija de Jairo que estaba a punto de morir, mucha gente lo iba apretando y oprimiendo y de repente, el Señor se detiene asombrado y pregunta: ¿Quién me tocó? Irónicamente los discípulos le dicen: Señor, ves que toda una multitud te está apretando y ¿preguntas que quien te tocó? Y además me imagino al pobre Jairo, ha de haber pensado “No te detengas Jesús mi hija se está muriendo ¿qué puede ser más importante que salvar la vida de alguien?”. Pero Jesús reconoce que había salido poder de él porque alguien lo había tocado con mucha fe e insiste en saber quién había sido.

La multitud extrañada se quedan viendo unos a otros, y de repente ahí ocultadita va saliendo poco a poquito una mujer temblando, muy nerviosa y no le queda más que confesar que ella había tocado su manto porque creía que con tocarlo sanaría de un flujo de sangre que tenía desde hace doce años.

Pero para poder entender con más claridad el pavor que debió sentir esta mujer necesitamos recordar que la ley consideraba inmunda, es decir sucia o impura, a las personas con flujo de sangre y también a lo que ellas tocaran y por esto tenían prohibido estar en donde hubiera gente (Levítico 15:25). Esto indicaba que todas las personas a las que ella hubiera tocado mientras se había abierto paso para llegar a Cristo y el mismo Cristo serían impuros hasta en la noche.

Pero por supuesto que la santidad de Jesús es mucho mayor que cualquier impureza humana, y por eso la mujer sana instantáneamente en cuanto lo toca. Sin embargo, me da la impresión de que su fe era un poquito supersticiosa, ya que creía que con tocar el manto de Jesús iba a sanar, como si el manto tuviera un poder sobrenatural. Sin embargo, Jesús no dejó que este incidente pasara desapercibido.

Es como si hubiera querido aprovechar la ocasión para enfatizar que la salvación es por medio de la fe en Él, no la fe en cualquier cosa o persona, y además que esta fe debe ser abierta y publica, no oculta, ni en secreto.

Recordé las palabras de Jesús cuando dice: “A cualquiera, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.”

Creo que eso mismo es lo que pasó con la mujer del flujo de sangre, necesitaba confesar públicamente su fe y ser un testimonio vivo de lo que Jesús había hecho en ella. Si se fijan, en cuanto tocó el manto sanó del flujo de sangre, pero fue salva hasta que tuvo un encuentro personal con Cristo, y entonces tiernamente Jesús le llama: “hija”. Eso es mucho más importante para Dios, la salvación de nuestras almas.

Y yo sé que todas nosotras tenemos algo que no queremos que todos sepan, puede ser un pecado reincidente, un pasado tormentoso, un carácter incontrolable o simplemente ese episodio que marcó tu vida y que prefieres ocultar, sin embargo, esta historia nos recuerda que no hay nada más grande que Dios, y que no existe algo tan malo o tan impuro que Dios no pueda limpiar.

Recuerda que por más terrible concepto que tengas de ti misma o por más indigna que te considere la gente, si tienes fe en Cristo y le buscas, el Señor Todo Poderoso está ahí para escucharte, limpiarte, salvarte y tiernamente llamarte: “hija mía…” sé un testimonio de su gracia y de su santidad, esa santidad que no puede ser manchada por el hombre, sino que es el hombre quien es santo a través de Él.

¡Que tengas una linda semana y que Dios te bendiga!
Martes 11 de Septiembre, 2018 | Aimeé Pérez

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