Mateo 8 “Al oírlo Jesús, se maravilló…”



“Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien. Hoy estaremos hablando acerca de Mateo 8, y les recomiendo que le den una leidita antes para que tengan una idea clara de lo que estoy comentando.

La primera vez que me percaté de que Jesús se había maravillado con la fe de alguien fue en un sermón que compartió mi esposo, y recuerdo que fue una de esas veces en las que escuchas algo y claramente sientes que fue explícito para ti, así que me quedé pensando… a mí me gustaría asombrar a Dios también de esa manera, y hasta imaginé que desde el cielo Dios me decía sonriendo: ¡Wow Aimeésita, tu confianza en mí, me tiene perplejo!

Claro que no pasó mucho tiempo para darme cuenta que mi falta de fe es gigante y que me es muy difícil confiar ciegamente en Él, porque, continuamente le quiero echar una manita, aconsejarlo y hasta manipular un poco sus decisiones.

Pero en este relato, el centurión romano reconoce el poder y la autoridad de Jesús inmediatamente, y con mucha humildad acepta que él es inferior y que no es digno ni siquiera de recibirlo en su casa. Me impresiona porque no estamos hablando de cualquier soldado, este oficial tenía bajo su mando a 80 hombres y seguramente tenía muchas más cosas en que estar pensando y, sin embargo, ahí lo tenemos, buscando ayuda para su criado enfermo y sometiéndose a la autoridad de Cristo.

Es increíble lo fácil que creyó, ni siquiera los judíos creían así, de hecho, en el Evangelio de Marcos, leemos que Jesús también se asombró, solo que se asombró por la falta de fe de las personas que lo vieron crecer, que conocían a su familia y que hasta reconocían su sabiduría y los milagros que había hecho.
Y, sin embargo, fue un centurión pagano y seguramente politeísta quien lo maravilló. Un hombre que no conocía al Dios verdadero, que no creció recitando la Torá, ni se sabía de memoria todas esas historias en las que el gran Yo Soy abría el mar en dos, o le daba la victoria a Gedeón, o gracia a Ester para salvar a su pueblo, ese soldado no conocía a ese Dios que había mostrado a su pueblo una y otra vez, su amor, poder, paciencia y misericordia. No, él no había crecido con la promesa de un Salvador y, sin embargo, fue él quien lo maravilló.

Y me emociona esta historia, ¿saben? Me emociona pensar que podemos maravillar a nuestro Señor a través de nuestra confianza, me emociona y me motiva, pero a su vez me confronta, la verdad es que necesito mucho del Espíritu Santo, porque…apenas ayer estaba tan ansiosa y nerviosa por casi todo, y le puedo echar la culpa a las hormonas, a la gente, a las malas experiencias, a… ¡lo que sea! No dejan de ser excusas y solo eso, tenemos un Dios que ha dejado registro escrito de quien es Él, y lo hemos leído (las Escrituras), tenemos un Dios que ha dejado visiblemente su poder y amor sobrenatural, y lo hemos visto (mandó a Cristo), tenemos un Dios misericordioso que controla todas las cosas, y lo hemos vivido (nuestro propio testimonio). ¿Por qué dudar? ¿Por qué asombrarlo con nuestra incredulidad? Sería mucho mejor maravillarlo creyendo en la evidencia irrefutable e indiscutible de que Él es el gran Yo Soy.

Así que, esta semana te invito a que te pongas como meta confiar más en Él y mucho menos en ti, pero para poder hacerlo, es indispensable que leas tu Biblia, que conozcas como es la fidelidad de Dios y lo majestuoso que es su carácter.
Después de todo, la fe viene por el oír su Palabra, inclusive el centurión necesitó escuchar acerca del poder y de la majestad de Jesús, antes de someterse y confiar en él.

Recuerda Hebreos 11:16 que dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”.

Si quieres profundizar más acerca de este tema te invito a escuchar el sermó “La Prueba de Autenticidad” del Dr. Jorge Salazar

¡Que tengas una lida semana y qué Dios te bendiga!
Martes 4 de septiembre, 2018 | Aimeé Pérez

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