Mateo 3 “La Predicación de Juan el Bautista…”




“Buenos días mujercitas, espero se encuentren bien. Hoy estaremos hablando acerca de Mateo 3, y les recomiendo que le den una leidita antes para que tengan una idea clara de lo que estoy comentando.

Dios tenía alrededor de 400 años sin comunicarse con su pueblo y ahora por fin, se rompía el silencio con Juan el bautista invitando a las personas a arrepentirse y a buscar al Señor.

Lo curioso es que antes de Juan el bautismo era reservado para la gente que quería convertirse al judaísmo, los judíos no se bautizaban, y, sin embargo, aquí estaba el profeta llamándolos hacer un bautismo de arrepentimiento y tratándolos como si fueran gentiles.

Mateo registra que muchas personas humildemente creyeron en el mensaje de Juan, que salían a su encuentro confesando sus pecados y se bautizaban en el rio Jordán. Sin embargo, también escribe de otro tipo de personas religiosas que negaban la necesidad de hacerlo.

Y me imagino la indignación que debieron haber sentido porque se creían cerca de Dios, perfectos y con una posición superior por el simple hecho de ser parte del pueblo escogido, pero en su corazón se habían alejado tanto del Señor que actuaban como si nunca lo hubieran conocido.

Después de que Cristo resucitó, los creyentes nos bautizamos como señal de que somos sus seguidores, y a veces en la vida cristiana, las mujeres actuamos de la misma manera caprichosa y engreída que los fariseos y los saduceos; cómo que nos confiamos en la salvación que Dios nos otorgó y olvidamos hacer “frutos de arrepentimiento”, somos rápidas para juzgar a nuestro esposo, a nuestros padres, a otras mujeres, e inclusive a nuestros pastores. Continuamente negamos nuestros errores y nos defendemos cuando alguien nos los muestra, nos volvemos demasiado lentas para reconocer nuestras faltas.

Juan el bautista entendía que su tarea era entregar el mensaje para que la gente volviera a Dios en genuino arrepentimiento y que este arrepentimiento se debía ver reflejado en la manera de vivir de las personas, también reconocía que Jesús era el Salvador.

Y de la misma manera, a nosotras, como cristianas, nos fue dada la tarea de difundir el mensaje del Evangelio, debemos ayudar a las personas a que reconozcan que son pecadoras y que necesitan a Cristo. Pero no debemos olvidar nuestro lugar, nosotras no somos las salvadoras, ni nuestra manera de pensar es lo importante, lo importante es el mensaje que Dios nos encomendó esparcir y tener una vida que refleje a Cristo; su sacrificio, su misericordia y esa entrega incondicional a nuestro esposo, hijos, amigos, vecinos, hasta con aquella persona que no sentimos mucha afinidad.

Recordemos que, aunque conocemos a Dios y estamos seguras en la salvación de Cristo, necesitamos venir constantemente en humilde arrepentimiento delante del Señor y pedirle que podamos transmitir su Mensaje aun cuando estemos en silencio.

Si quieres profundizar más en este tema te invito a escuchar el sermón “Cumpliendo toda justicia

¡Que tengan una linda semana y que Dios las bendiga!


Martes 31 de Julio, 2018 | Aimeé Pérez

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